Los robots serán los dueños de todas las competencias directivas, excepto las emocionales e intuitivas, propias del ser humano

Cada mañana al levantarme saludo a una máquina que mi madre denomina “robot”. Las cuatro palabras mágicas que activan su voz (“Ok Google Buenos días”) se han convertido en una rutina. El robot de Google me dice cuál es el tiempo atmosférico, cómo está el tráfico para llegar a la oficina, mi agenda del día, y las últimas noticias de tecnología e innovación empresarial. Acto seguido le pido que encienda las luces, y que prepare café como a mí me gusta - espresso y corto-. Es mi particular manera de aceptar mentalmente en el primer minuto del día que el futuro va a ser revolucionario. Al menos para mí, porque para otros lamentablemente puede ser sencillamente demoledor y destructivo.

La mal llamada Transformación Digital no ha hecho más que comenzar. Y Moore se equivocó con su famosa ley exponencial. Esto va mucho, pero que mucho más rápido. Tras 50 años de existencia de Internet, hoy la inteligencia artificial, el 5G, y la progresiva robotización de la mayor parte de los trabajos hará que este mundo ya no sea igual al que hemos conocido hasta ahora. Bienvenidos a la revolución digital, ¿estáis preparados para este viaje?

Hace tan solo unos días Orange, compañía francesa de telecomunicaciones, lanzaba en España su banco para clientes. Lo que hasta ahora era una empresa de comunicación, puede llegar a ser un líder en el mercado financiero y bancario, como lo logró WeChat en China.

Cualquier empresario actual debe estar preparado para cualquier tipo cambio. La Transformación Digital implica un cambio casi permanente en todos los procesos de compañía.

Uber ya tiene desarrollado un sistema válido para transportar personas por el aire a partir del 2023. Y cuando digo válido es probado: podremos volar por los cielos de España de aquí a tres años. Siempre soñé que viajar por las autopistas del cielo debía ser igual de fácil que coger un taxi o un Cabify.

El otro día tuve la suerte de disfrutar del servicio de Uber Black. No se cómo ni por qué, pero terminé hablando con el conductor, cuyo nombre era Luis. Estaba preocupado. Hablamos del futuro de su empleo como conductor. Luis ni siquiera sabía que la empresa para la que trabaja está trabajando ya – como todas las empresas de transporte de viajeros – en la conducción autónoma.

Para serle absolutamente sincero – y también tranquilizarle-, el puesto de trabajo de Luis no peligra hoy. El tipo de cliente que tiene hoy, al ser el servicio más caro de la oferta,  quiere una experiencia diferenciadora y por eso contrata un Uber Black. Desea que haya una persona que le lleve, que le salude, que le abra la puerta, y si es preciso que le dé una conversación, eso sí, humana. Luis tiene desarrolladas una serie de competencias y actitudes que pueden ser difícilmente imitables por una máquina, y ni siquiera lo sabe.

En un futuro muy muy próximo la experiencia diferenciadora de cualquier servicio se basará en que dicho servicio sea ofrecido por un humano y no por una máquina.

Pero no todos los “Luises” del mundo correrán la misma suerte. Me refiero a los conductores de camiones. Se estima que el mundo del transporte de mercancías va a estar completamente controlado por sistemas de conducción autónoma de aquí a 15 años. Esto afectará incluso a los barcos auto conducidos (o pilotados) para transportar contenedores por el mar. La logística es un sector que no se va a salvar de pasar por una enorme reconversión y transformación digital. La terminal automatizada del Puerto de Qingdao, el más avanzado y productivo del mundo, ha reducido sus costes de personal en un 70% y ha aumentado su productividad un 30% con respecto al tiempo en que no estaba automatizado (o robotizado).

CaixaBank se ha convertido en un “superconcesionario” que vende 10.000 coches al año. El manejo de gran parte de los datos financieros de sus clientes permite adivinar cuáles de ellos necesitan vehículo y ofrecerles el plan de pago a plazos que mejor encaje con su capacidad crediticia. Hoy cualquier empleado de banco debe saber vender por igual un coche, un crédito o un televisor. Lo que el cliente le pida.

Podría estar poniendo miles de ejemplos más sobre puestos de trabajo que desaparecerán como hoy los conocemos. Pero ¿qué va a pasar con los puestos directivos? ¿se verán afectados también por la revolución digital? ¿qué tiene que hacer el directivo de mañana que no está haciendo hoy para sobrevivir en este nuevo mundo?

Los futuros líderes del sector empresarial español van a tener que poner en el centro de todas sus decisiones y procesos de compañía al cliente. Es así de fácil y de difícil. Esta medida tiene como consecuencia no sólo la inversión en tecnología, sino más bien la necesidad de formarse en materias y competencias para las que ahora mismo no están preparados. Las funciones de liderazgo y motivación del directivo van a tener que desarrollarse como nunca.

Los líderes de equipos están condenados a cambiar, y a facilitar y promover el cambio con ilusión y alegría

Las competencias puramente humanas (como la motivación, la intuición, la creatividad extrema, la curiosidad, el positivismo, la anticipación y la resiliencia ante el cambio) son clave en la aceptación de la Revolución Digital por parte de los directivos y de sus equipos. Hay que bajar a la calle, conocer en profundidad al cliente y a nuestros colaboradores. Se debe invertir mucho más tiempo en conocer a cada una de las personas que integran nuestros equipos, y conocer sus aptitudes – y actitudes- ante el cambio. Sacar lo mejor de cada uno y aplicarlo en beneficio del cliente y de su propia persona.

Al final, todo se resume en tener más tiempo para aquello que nos hace más felices. Las máquinas deben estar al servicio del humano, y no al revés. Aunque tengamos que cambiar mil veces, nuestra felicidad debe estar por encima de todo. Pero el camino no es fácil. ¿A qué esperas para empezar a andar?

 

Diego Antoñanzas es emprendedor, consultor y conferenciante en Thinking Heads. Su conferencia más demandada es la Transformación Digital ante los nuevos cambios tecnológicos.