Hola, soy Beatriz Magro y me cuelo en el blog de Thinking para contaros la historia de dos chicas que lo dejaron todo atrás para fundar una empresa de kombucha en su pueblo natal. Esas dos chicas somos Nuria, mi socia y mejor amiga, y yo. ¡Descubre nuestra historia!

La kombucha llegó a mi vida cuando daba la vuelta al mundo.

3 años después de ese primer encuentro, mi pueblo, Fregenal, se convirtió en el municipio europeo que más kombucha bebe por habitante. 

Sé lo que estás pensando: “¿Komvida?”, “¿Kombucha?”. Sí, probablemente se te esté quedando una cara parecida a la que se le quedó a mi madre, allá por el año 2016, cuando le dije que le iba a llegar una bacteria a casa y que, con ella, haríamos kombucha.

La kombucha es una bebida fermentada que se hace con té. Cuenta la leyenda que los emperadores chinos la consumían y se referían a ella como “el elixir de la vida”. Algo así como una pócima milagrosa.

Leyenda o no, lo que sí es cierto es que es una bebida con muchos beneficios para la salud. Fue precisamente en Estados Unidos cuando yo la probé por primera vez. Corría el año 2016 y me encontraba dando la vuelta al mundo en solitario. Mi primera parada fue California y, con ella, llegó mi gran revelación: “¿Cómo no había probado este refresco antes?”, pensé.  

Desde ese momento, me obsesioné con esta maravillosa bebida: con su sabor, con sus propiedades y con el concepto, aún desconocido e inexplorado en España. Estudié datos de mercado en Estados Unidos, donde se había convertido en un alimento habitual, y en todo el mundo, “¡la kombucha tenía una proyección asombrosa!”. Con todo ello, llamé a Nuria, mi actual socia, para proponerle “llevarnos la kombucha” a España, a Fregenal. 

Tras varias llamadas California-Fregenal, convencí a Nuria. Ella dejó su trabajo como consultora en Madrid y se quedó en Fregenal trabajando en la fórmula. Mientras tanto, yo seguí dando la vuelta al mundo para crear la marca.

En 2017, después de miles de pruebas, estudios y litros de kombucha tirados por el desagüe... conseguimos la fórmula perfecta, constituimos la empresa y… por si no lo había comentado, establecimos nuestra fábrica en Fregenal de la Sierra, provincia de Badajoz. O en otras palabras, nuestro pueblo natal. 

Establecer una fábrica en el sur de Extremadura no es fácil (y menos si eres una mujer joven). Las comunicaciones, la logística, los recursos… todo se complica y se encarece, pero era parte de nuestro proyecto y nuestro sueño. 

Desde el principio, en Komvida perseguimos una máxima: contribuir al bienestar de las personas ofreciendo una kombucha de una calidad excepcional pero, también, creando oportunidades de empleo y riqueza en nuestro pueblo. Con este propósito grabado a fuego, Nuria, mi madre y yo trabajamos ese primer año haciendo absolutamente todo lo que imaginas que se puede hacer en una empresa: haciendo kombucha, envasando, limpiando, haciendo marketing, yendo a ferias… 

Poco a poco veíamos que nuestros pedidos subían, la gente empezaba a conocernos en la comarca, en otras comunidades... Comenzamos a requerir ayuda y contamos con la gente de nuestro pueblo. Queríamos ofrecerles un trabajo y una ilusión en una tierra en la que las oportunidades laborales escasean y donde la industria gira, fundamentalmente, en torno al cerdo ibérico, donde la mano de obra suele ser masculina. 

Hoy en día empleamos a más de 65 empleados (más de un 80% mujeres, y además de entorno rural) La mayoría, vecinas de nuestro pueblo que viven en Komvida un cambio, una oportunidad y una ilusión. 

Komvida es un proyecto que comenzamos Nuria y yo en solitario. Ahora, es una realidad que beben y disfrutan cada vez más personas en España y parte de Europa. Un negocio que funciona para contribuir al bienestar de las personas y dar voz a las mujeres rurales.

Y así es como Extremadura, la tierra del cerdo ibérico, se convirtió también en la tierra de la kombucha.