La política en nuestro país vive momentos convulsos; la polarización política o la dificultad para alcanzar consensos contribuyen a la erosión del crédito de esta actividad, embestida a su vez por el ineludible desafío que supone la pandemia. En un momento como este, en el que la percepción pública de nuestros líderes impacta a diario en un estado de ánimo de fatiga, nos planteamos cómo se construye esa percepción. En otras palabras, qué es la reputación para un líder político, cómo se mide y cómo afecta a sus resultados.

La reputación es un juicio de valor que un grupo hace a partir de las expectativas que tiene sobre una persona o institución y que tiene efectos sobre las decisiones que cada persona toma. Trasladado a la esfera política, estas decisiones tienen que ver con la intención de voto.

Una vez tenemos claro el concepto del que partimos, pasamos a ver cómo se descompone en elementos medibles. Hay que señalar que la clave para esto se encuentra en dar el salto de lo emocional a lo racional. En política, a menudo hablamos de nuestros líderes en términos de “me gusta” o “no me gusta”, pero para poder poner nombre y cifras a esas emociones, hay que aplicar métricas académicas en materia de confianza y liderazgo político que nos permitan valorar la reputación más allá de la intuición del “buena” o “mala”.

Eso hemos hecho para nuestro Modelo Thinking Heads de Reputación del Líder Político, trabajar sobre métricas avaladas científicamente que nos han permitido medir la reputación, así como identificar las palancas que sirven para mejorarla.

Una vez dado ese salto de lo emocional a lo tangible, la siguiente tarea es distinguir entre las variables emocionales (credibilidad, admiración y confianza), y las racionales que componen la reputación. ¿Cuáles son esas variables racionales? Encontramos que las variables sobre las que recae el peso de la reputación son el liderazgo, si demuestra Ideas atractivas e inspiradoras, visión de futuro y generación de interés y adhesión; la integridad, que tiene que ver con la sinceridad, fiabilidad y honradez; la competencia, relacionado con la inteligencia y la perspicacia, habilidad de alcanzar consensos y capacidad de gestionar las políticas, y por último los valores humanos, un interés por los problemas de las personas, buena voluntad y accesibilidad.

Para tomar el pulso a la sociedad española y conocer cuál es su percepción de los principales líderes políticos, distribuimos un cuestionario que nos permitió examinar los ítems anteriormente mencionados sobre casos reales: 5 líderes nacionales, 17 autonómicos y seis alcaldes, con un total de 5.806 casos recogidos.

Entre los principales resultados obtenidos, encontramos datos sorprendentes, como que ningún líder nacional aprueba. ¿Quieres conocer todos los detalles y resultados? Descarga el estudio a continuación.

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