Los jóvenes ponen a la industria tecnológica por encima del campo y, en general, lo valoran peor que el resto de la sociedad.

En los últimos años, la forma de estructurar el paradigma económico e industrial ha variado significativamente. Esto también se ha traducido en la forma en que los consumidores más jóvenes perciben el mercado y la importancia de los sectores. El sector primario (agricultura, pesca, ganadería) es el gran olvidado para estos nuevos consumidores. La importancia de este sector se ha puesto de relieve con la crisis de inflación provocada por la guerra en Ucrania, pero es clave en todo momento para el funcionamiento de la sociedad.

En datos del INE del segundo trimestre de 2022, el sector primario supone solo el 2,15% del PIB de España, a diferencia del 21,36% que supone, por ejemplo, el sector comercial y de hostelería. No obstante, su importancia es vital para el Estado de bienestar: es el proveedor de alimentos y tiene gran importancia como exportador al resto de países de la Unión Europea. Según datos del Ministerio de Industria, en 2021, las exportaciones del sector alcanzaron los 316.609 millones de Euros, y 186 millones de toneladas de producto.

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Los jóvenes le dan menos importancia al campo que a la tecnología

En el estudio sectorial sobre la reputación de los sectores económicos realizado por Thinking Heads, se ha preguntado por la importancia estratégica que los ciudadanos dan a cada sector industrial. El sector de agricultura y ganadería se posiciona en un segundo lugar, solo después del sector energético, mientras que el sector de la industria agroalimentaria se posiciona en sexto lugar.

Si observamos la opinión de los consumidores más jóvenes (de 18 a 34 años), este posicionamiento cambia drásticamente. El sector de la agricultura y ganadería pasa al quinto lugar y las empresas tecnológicas, la sanidad y la enseñanza se colocan por encima. Por su parte, el sector de la industria agroalimentaria pasa a la duodécima posición, un indicador de su poca relevancia para este segmento de población.

En el gráfico 1 podemos observar claramente la tendencia de la población más joven a dar una menor importancia a los sectores relacionados con el mundo rural.

Gráficos para el blog (3600 × 2670 px) (1)

 

 

Una valoración más baja que la media desde la cabeza y desde el corazón

Esta percepción se reproduce también en la valoración que los jóvenes hacen del sector: su reputación racional y emocional. En el gráfico 2, observamos cómo, en comparación con el resto de la muestra, tienen peor opinión de los subsectores estudiados: entre dos y seis puntos menos que la media en lo que se refiere a reputación emocional. En el plano más racional, enfocado en cuestiones como la responsabilidad medioambiental, la capacidad financiera, la responsabilidad social o el valor que un sector aporta a la sociedad, la diferencia es menor. Esto nos dice que, en líneas generales, las personas más jóvenes tienen el impulso de valorar peor los subsectores que conforman el sector primario que el resto de generaciones.

Entre todos los subsectores, cabe destacar que el mejor valorado es el vitivinícola.

Gráfico 2_ Diferencia entre la valoración emocional y racional de los subsectores del sector primario, por grupos de edades-2

 

Apoyo firme a la protección desde el sector público

Estas opiniones repercuten en los comportamientos de apoyo, cuya distribución de respuestas se muestra en el gráfico 3. La reputación de un sector influye en la predisposición de las personas a actuar a su favor, sea como consumidores, trabajadores, inversores u opinión pública.

En nuestro modelo de análisis distinguimos tres segmentos en función de su predisposición: promotores, personas que apoyan firmemente al sector; indecisos, sin actitud definida, y detractores, en ningún caso dispuestos a apoyar al sector y a veces manifiestamente hostiles.

Gráfico 3_ Comportamientos de apoyo hacia los subsectores del sector primario-2

En el segmento joven, la predisposición a realizar comentarios positivos es ligeramente inferior a la media, salvo en el sector agrario, donde los jóvenes tienen una mayor predisposición a hablar positivamente. En ambos segmentos nos encontramos una actitud de defensa de la protección del sector primario por parte de los poderes públicos, pero de nuevo una menor cantidad de promotores entre la generación Z.

En cuanto a la predisposición a trabajar en el sector primario, este colectivo tiene un mayor interés que la media en el mundo agrario y el pesquero. Es decir, a pesar de que estos otorgan una menor reputación e importancia a los sectores que conforman el sector primario, sí estarían dispuestos a trabajar en él.

 

¿Cómo llegar a los jóvenes?

Frente a estos datos, el sector primero debería plantear una estrategia conjunta que ayude a mejorar la reputación de esta industria frente a los colectivos más jóvenes.

Las nuevas generaciones están firmemente comprometidas con las causas sociales del siglo XXI. Deberían incrementarse los esfuerzos de comunicación de todo el impacto positivo del mundo rural en el día a día.

La conservación del medioambiente, el trato respetuoso al entorno y la contribución, por ejemplo, a la prevención de incendios es una de los enfoques para comunicar este trabajo diario y ayudar a que los jóvenes tengan una mejor percepción del sector.

También se pueden iniciar campañas que pongan de relieve la importancia del sector primario para la integración de las mujeres y personas con discapacidad en los entornos rurales, y la importancia económica que tiene el sector en estas zonas a veces desconocidas para las personas de este segmento.

Todo ello debe estar englobado en una estrategia que abogue como objetivo principal dar a conocer la importancia de este sector en la conservación de la salud, el entorno y el Estado de bienestar.

Como conclusión, podemos deducir que el segmento más joven de la población tiene una visión más limitada de la importancia de los sectores que conforman la parte más primaria de la economía, que sirve como motor de sustento alimenticio de la sociedad. Esto puede ser debido a la falta de visibilidad que estos sectores tienen entre esta población, que por las circunstancias socioeconómicas en las que han crecido, han dado por hecho como algo básico el suministro de alimento, frente a otras generaciones que vivieron otro momento social en el que la disponibilidad era más limitada.

 

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