Hace mucho tiempo que el elogio del libro y de la lectura como promesa de emancipación, de progreso y de humanismo renovado se convirtió en un lugar común. No es tan sencillo. A poco que rebusquemos en la historia o repasemos nuestro presente encontraremos lectores empedernidos, célebres o anónimos, a los que bien les cabría el epíteto de «malas personas». Resulta emblemático el caso de Josef Goebbels. El docto Reichminister para la Ilustración Pública y la Propaganda lo mismo anotaba en su diario sus entusiasmadas lecturas de Mann, Ibsen o Tolstói que dirigía refriegas en las calles de Berlín y celebraba que miles de libros «antialemanes» fueran arrojados al fuego en la Bebelplatz. Así lo cuenta Joaquín Rodríguez en su ensayo La furia de la lectura. La verdad es que nos gustaría pensar en la lectura como un perfecto vehículo de tolerancia y civilización, pero en demasiadas ocasiones ha servido para justo lo contrario, para oprimir, imponer, censurar o nublar el pensamiento crítico.

Hechas las prevenciones, podemos celebrar que los libros y la lectura siguen gozando hoy, pese a mil dificultades, de estima y relativa buena salud. Si el 23 de abril celebramos el Día del Libro, celebramos entonces lo que nos hace humanos, con todo lo bueno y todo lo malo, porque mediante el lenguaje y la creatividad, a través de la inopinada invención de la escritura y la lectura, los seres humanos pudimos sacudirnos el peso de la lenta evolución biológica y tomar la directa de la evolución cultural, transformando nuestros cerebros para siempre. Estamos hechos literalmente de lo que leemos y escribimos.


Los libros y la lectura son abrelatas de posibilidades. Podemos vivir otras vidas, recrear otras épocas, viajar a lugares que jamás pisaremos, inventar el futuro y quizás algún día hacerlo realidad. También podemos usarlos como muros, para reforzar nuestras convicciones sin ningún miramiento por las de los demás, leyendo exactamente con la misma intransigencia con la que nos empleamos el resto del día. Posibilidades. De eso se trata. De la elección constante que nos pertenece como humanos y nos hace responsables.

Desde luego no parece una mala noticia que en esta dura época de COVID-19 la salud de los libros se haya conservado. Las plataformas digitales, la televisión, los videojuegos, el ensimismamiento o la depresión han topado en los libros con un tozudo competidor. Sin demonizaciones: lo digital también nos cuenta valiosas historias y nos acerca otros mundos, solo que nuestro cerebro, yonqui de la dopamina, queda más desarmado ante la velocidad, la inmediatez o la recepción pasiva, mientras que son la tranquilidad, la lentitud y el diálogo activo con las páginas de un libro lo que permite a nuestro cerebro ejercer cierta racionalidad. En estos meses muchas personas han elegido seguir leyendo, pensar, interrogarse, buscar consuelo o refugio en los libros, y esto no determina, pero sí abre grandes posibilidades para encontrar ideas que desafíen nuestras suposiciones, para calzarnos otros zapatos, ordenar nuestras ideas y pensamientos o balizar el terreno y aprender a seguir adelante.

Hace diez años Thinking Heads puso en marcha la primera agencia literaria especializada en literatura de no ficción en España y hasta hoy forma parte del paquete de servicios de consultoría que ofrecemos a nuestros clientes y conferenciantes. En los últimos meses hemos ayudado a hacer realidad proyectos editoriales tan dispares como Música para la vida, del tenor español José Manuel Zapata, el libro de política exterior España y la doctrina del multilateralismo eficaz, del historiador Morten Heiberg o la imprescindible biografía política Rubalcaba: Un político de verdad, del periodista Antonio Caño, entre otros. Una excusa inmejorable para seguir sumando conocimiento y diferentes perspectivas que repercuten en todos los servicios que ofrecemos a nuestros clientes. Nos gusta pensar que esta apuesta es, además de una respuesta a la demanda del mercado, la expresión de una sensibilidad y de la convicción en la importancia de la literatura y de los libros para el imprescindible intercambio de ideas. Este trasvase es un capital social cada vez más importante en las economías desarrolladas, en empresas e instituciones que quieren ser innovadoras, competitivas y sostenibles o para líderes con propósito que comprenden la imprescindible dimensión social de sus organizaciones. Sí, leer libros es un intangible cada vez más importante y las compañías se están dando cuenta, promoviendo campañas para fomentarla entre sus trabajadores y directivos. Thinking Heads ha tenido la oportunidad de participar y poner en marcha algunas de ellas.

En términos de la filósofa Marcia Tiburi «El conocimiento que surge del encuentro de las diferencias es el conocimiento verdadero. Y este no combina con ideas cerradas, con discursos de cualquier tipo, sino que precisa de diálogo». Hacemos nuestro este principio, celebrando el 23 de abril como eso que nos hace humanos y posibilita el diálogo permanente.


Feliz Día del Libro.


Referencias:
RODRÍGUEZ, Joaquín: La furia de la lectura. Por qué seguir leyendo en el siglo XXI Tusquets Editores, 2021.
VALLEJO, Irene: Manifiesto por la lectura. Siruela, 2020.